
La actividad, impulsada desde el proyecto Vejez Indígena y Agencia Ajolote, tuvo su origen en una inquietud compartida por Rosa Huenufil, persona mapuche e integrante del club, a quien conocimos durante la realización de la webserie Raíces Indígenas. En el lanzamiento de la serie, Rosa compartió su anhelo de realizar un encuentro entre personas mayores y jóvenes: un espacio donde distintas generaciones pudieran conversar, escucharse y aprender mutuamente. Esa idea quedó resonando en el equipo y, posteriormente, la postulamos a un fondo de Vinculación con el Medio de Incuba Universidad Alberto Hurtado, lo que permitió concretar esta jornada.
Para Rosa, este encuentro abría también una pregunta por el lugar que pueden tener las nuevas generaciones —y especialmente quienes se están formando profesionalmente— en el acompañamiento a las personas mayores mapuche. Como ella misma señala: “Yo creo que los chiquillos vienen a vernos a nosotros como adultos mayores. Me gustaría que, como son jóvenes y están en la universidad, pudieran apoyarnos en la salud, en la vejez. Cuando uno va al hospital a pedir hora, o a una clínica, si hay un estudiante de medicina o un futuro profesional, sería bueno que también pensara en las personas mayores mapuche. Que hubiese más apoyo para la tercera edad.”
Desde el comienzo, quisimos que este encuentro fuera, por sobre todo, una instancia de reconocimiento mutuo. No lo diseñamos como una clase, una entrevista ni una exposición académica, sino como un espacio para compartir experiencias, memorias y preguntas en torno a la identidad mapuche, la vejez, la comunidad y la transmisión de saberes. Buscamos propiciar una conversación horizontal, respetuosa y situada, reconociendo el valor del espacio ceremonial que nos acogía y el rol activo de las personas mayores como portadoras de memoria, historia y conocimiento.




La jornada comenzó con un momento de bienvenida y conversación libre, acompañado de alimentos preparados y compartidos por las personas asistentes: sopaipillas, mate, pebre y otras comidas fueron parte de un inicio cálido, que ayudó a generar cercanía entre quienes se encontraban por primera vez. Las personas mayores llegaron con vestimentas y objetos tradicionales, compartiendo parte de su historia y de sus prácticas cotidianas. Luego, proyectamos la entrevista de Rosa Huenufil realizada para la serie Raíces Indígenas, un momento que permitió conectar la jornada con el proceso que le dio origen y que abrió un ambiente de emoción, reconocimiento y cercanía entre las personas presentes.
El momento central de la jornada fue la dinámica que llamamos“Mapa de saberes compartidos”. Organizamos a las y los participantes en grupos mixtos, integrados por estudiantes y personas mayores, para conversar a partir de preguntas guía reunidas en dos grandes ejes: pueblo mapuche, memoria y transmisión; y vejez, comunidad y encuentro entre generaciones.




En cada grupo se trabajó con papelógrafos y plumones, registrando palabras, ideas, recuerdos, frases y dibujos que surgían durante la conversación. La metodología buscó facilitar una participación oral, simple y respetuosa, usando la escritura como apoyo. La invitación fue a conversar con libertad: no había respuestas correctas ni un orden obligatorio, sino simplemente preguntas que abrían la posibilidad de compartir experiencias.
Para Rosa Araya, integrante de Vejez Indígena, la jornada permitió reconocer la potencia formativa y humana de este tipo de espacios: “Quienes estuvimos acá nos dimos cuenta de que fue un espacio tremendamente significativo para los estudiantes, donde pudieron mirar cómo desde su formación profesional pueden generar un aporte hoy, como estudiantes, y también como futuros profesionales”.
Las conversaciones abordaron temas como: la pertenencia al pueblo mapuche, las tradiciones que se han cuidado y aquellas que se desea recuperar, los cambios entre la vida en el campo y en la ciudad, temas culinarios, reflexiones sobre el mapudungun y su influencia en el habla chileno, el lugar de las personas mayores en la comunidad, los prejuicios asociados a la vejez y el papel de las nuevas generaciones en el respeto y continuidad de las culturas originarias.
Al cierre de la dinámica, cada grupo compartió con el resto algunas de las ideas que habían surgido. Fue un momento de devolución colectiva que permitió hacer visible la riqueza de las conversaciones y reconocer la importancia de generar espacios donde jóvenes y personas mayores puedan encontrarse sin prisa, desde la escucha y el respeto.




Uno de los aspectos más valorados de la jornada fue la disposición de todas las personas participantes. Vimos a personas mayores abiertas y entusiastas al compartir sus historias, saberes y recuerdos; y a estudiantes participando con interés, respeto y sensibilidad. El encuentro dejó una sensación de emoción y gratitud, junto con el deseo de que este tipo de instancias puedan repetirse en el futuro.
Esa impresión también fue compartida por Felipe Trañalao, estudiante de Trabajo Social, quien destacó el valor de salir del espacio universitario para encontrarse con otras comunidades, saberes y experiencias: “Fue muy enriquecedor poder compartir y venir desde la universidad a un espacio como este. Me llevo mucho el compartir saberes y experiencias. […] La enseñanza que nos dejaron a los jóvenes es seguir revitalizando estos espacios, seguir aprendiendo sobre la cultura mapuche y no dejar que se pierda”.
Antes de finalizar, las y los estudiantes entregaron un regalo hecho a mano a las personas mayores. Consistió en flores de papel acompañadas por un mensaje que sintetizó el espíritu de la jornada: “Las flores pueden durar un instante, las palabras compartidas permanecen”.

Para nosotras y nosotros, “Tejiendo Saberes” fue, ante todo, una experiencia de encuentro. Una oportunidad para reconocer que la transmisión de saberes no ocurre solo en espacios formales, sino también alrededor de una mesa, en una conversación, en una historia compartida o en la memoria de quienes han sostenido prácticas, palabras y formas de vida a lo largo del tiempo.
En un contexto donde muchas veces las personas mayores y las generaciones jóvenes se encuentran separadas por dinámicas sociales, institucionales y culturales, esta jornada permitió abrir un puente entre memorias y preguntas, trayectorias y futuros posibles, entre quienes han cuidado saberes y quienes buscan aprender a escucharlos.
Desde esa mirada, las palabras de Óscar Huechucoy, integrante del Club de Adultos Mayores Mapuche de La Pintana, nos recuerdan que el encuentro intergeneracional también es una forma de continuidad cultural: “Hay personas mayores que necesitan ayuda de los jóvenes. El día de mañana nosotros ya no vamos a estar, pero queremos que el futuro siga luchando para que esta lengua no se acabe, para que siga viva en nuestro país y en todo el territorio chileno.”
Desde Vejez Indígena, valoramos profundamente la generosidad del Club de Adultos Mayores Mapuche de La Pintana, la participación de las y los estudiantes del curso Ciudadanía y Gestión de la Diversidad Cultural de la Universidad Alberto Hurtado, el apoyo de la Municipalidad de La Pintana, el trabajo del equipo de Agencia Ajolote y el compromiso de todas las personas que hicieron posible este encuentro.
La experiencia reafirma la importancia de seguir generando espacios interculturales e intergeneracionales donde la vejez indígena sea reconocida desde su dignidad, su memoria y su aporte vivo al Buen Vivir.

El pasado 26 de marzo, como equipo de “Vejez Indígena”, participamos en la Ceremonia de Firma de Convenios de Adjudicación Incuba de la Universidad Alberto Hurtado 2026. En esta ocasión, nuestra líder de proyecto, Lorena Gallardo Peralta, se adjudicó un proyecto en la línea de académicos. Asimismo, nuestra profesional técnico, Rosa Araya Añicoy, nos representó con la iniciativa “Tejiendo Saberes: Encuentros para el Buen Vivir” que tiene por objetivo, generar un puente de conexión intercultural e intergeneracional entre una agrupación de personas mayores Mapuche y estudiantes de la UAH a través de una jornada participativa en la Municipalidad de La Pintana.

En el marco del proyecto Vejez Indígena, durante el segundo semestre de 2025 se dio inicio al trabajo de campo en la Región de Arica y Parinacota. Este proceso buscó recoger, desde la voz de sus protagonistas, las experiencias de envejecimiento de personas mayores aymaras en distintos territorios del norte del país. A través de entrevistas en localidades rurales y urbanas, nos acercamos a trayectorias de vida profundamente vinculadas al territorio, la comunidad, la memoria y la defensa cultural. El concepto de Suma Qamaña —el buen vivir— emerge como un horizonte que atraviesa estas historias, no como abstracción, sino como práctica cotidiana.

El pasado viernes 9 de enero realizamos el lanzamiento del nuevo sitio web de nuestro proyecto de investigación Vejez Indígena, en un conversatorio que reunió a investigadoras, invitados especiales y público interesado en reflexionar sobre el envejecimiento, la identidad y los pueblos originarios.

El próximo viernes 9 de enero a las 11:00 horas (Chile), desde el proyecto de investigación Vejez Indígena realizaremos una actividad de lanzamiento de nuestro nuevo sitio web. La instancia tomará la forma de un conversatorio, pensado como un espacio de diálogo, presentación y reflexión en torno al proyecto, sus fundamentos y el concepto de Buen Envejecer desde perspectivas originarias.

Después de ocho años de trabajo, encuentros y aprendizajes compartidos, Vejez Indígena comienza una nueva etapa de investigación y comunicación. En esta fase, el proyecto se adentra nuevamente en los territorios del norte y sur de Chile, con el propósito de seguir comprendiendo las múltiples formas en que las personas mayores indígenas viven y significan su vejez.