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19
Abril
2023
Soledad en mujeres Aymara y Mapuche: familia, comunidad e integración sociocultural como factores protectores

Introducción

En la actualidad, la soledad es un gran desafío para las sociedades que envejecen y se trata de un problema social que impacta a nivel mundial. La soledad se puede definir como una discrepancia entre la cualidad o cantidad de relaciones sociales deseadas y existentes, y suele tener mayor prevalencia entre grupos más vulnerables. Es el caso de las personas mayores indígenas, quienes llegan a la vejez con mayores desventajas sociales y, por lo tanto, experimentan mayores niveles de soledad. Asimismo, cambios en la organización social, familiar y reproductiva de muchas comunidades, como resultado de la migración de la población más joven o trabajadora a las ciudades, han puesto en peligro el mantenimiento y la transmisión intergeneracional de prácticas culturales.

A estos cambios de estructura familiar se suman otros factores de riesgo, como las desigualdades estructurales que las personas mayores indígenas experimentan y que se manifiestan en situaciones tales como: peores condiciones de salud física y mental, niveles socioeconómicos más bajos y migración forzada debido a la confiscación de tierras. Todas estas desigualdades tienden a agudizarse en el caso de las mujeres indígenas, quienes también cumplen funciones de cuidado familiar y además suelen recibir pensiones más bajas.

Antecedentes

La organización social de los pueblos Aymara y Mapuche tiene una fuerte base familiar y comunitaria. El bienestar de las personas mayores indígenas está relacionado con la integración social a través del Ayllu, que significa comunidad en aymara, o el Lovche, comunidad en mapudungún. Estas comunidades permiten a las personas mayores mantenerse activas en términos de intercambio social con redes de apoyo. El género también juega un papel fundamental en la organización de las comunidades originarias en Chile.

Pueblo Aymara

Del total de las personas que se autoidentifican como pertenecientes a los pueblos originarios en Chile, el 6,6% se describen como Aymara. Esto equivale a 112.253 personas (Ministerio de Desarrollo Social, 2017) y representa el segundo pueblo más numeroso en cuanto a población

En relación con la organización social basada en el género, se establece una estructura jerárquica que distingue a hombres y mujeres. Este sistema organizativo involucra procesos diferenciados y asimétricos en cuanto a roles masculinos y femeninos, colocando a las mujeres en una posición con mayores desventajas sociales. Por ejemplo, las mujeres sostienen en gran parte las tareas reproductivas y domésticas, como la preparación de alimentos, el transporte del agua y del combustible, la limpieza e higiene, el cuidado de niñas/os y enfermas/os y la preparación de ritos. Además, se encargan de actividades como el pastoreo, mientras que los hombres se dedican al comercio y otras actividades remuneradas, generalmente en los pueblos o las ciudades.

Pueblo Mapuche

De la población indígena auto-identificada en Chile, el 84,8% se identifica como perteneciente al pueblo mapuche. Esto representa a 1.437.308 personas, tratándose del pueblo más numeroso del país en cuanto a población. En su organización también existe una fuerte distinción entre roles masculinos y femeninos, con una estructura patrilineal en la que las mujeres sufren mayores desventajas sociales. Sin embargo, en los espacios familiares, privados y domésticos, las mujeres cumplen un rol central en la producción de saberes y la reproducción sociocultural. 

En este sentido, las mujeres mapuche son responsables de la reproducción en un sentido amplio: sus funciones incluyen la crianza de los/as hijos/as, el cuidado intergeneracional y la transmisión cultural, la artesanía, y la agricultura y la ganadería, jugando un papel económico esencial en las actividades productivas de las comunidades rurales, así como a través del empleo y las actividades económicas en sectores urbanos. 

Este estudio

El propósito de este estudio es analizar cómo la integración familiar, comunitaria y sociocultural de las mujeres indígenas se relaciona con los niveles de soledad. Este estudio se realizó mediante entrevistas con 286 mujeres indígenas, de las cuales 106 pertenecen al pueblo Aymara y 180 al pueblo Mapuche. Se realizó una muestra estratificada por género, etnia y lugar de residencia (urbano o rural), sin embargo, la representatividad no está garantizada debido a la falta de selección aleatoria.

Resultados

Los resultados confirman la importancia de la integración familiar, comunitaria y sociocultural como factores que protegen contra la soledad. Los datos obtenidos confirman que, efectivamente, las mujeres indígenas experimentan sensaciones de soledad en la actualidad. Sin embargo, existen diferencias significativas en los datos que muestran que las mujeres mapuche se sienten más solas. Estos hallazgos podrían explicarse por el hecho de que el pueblo Mapuche históricamente ha experimentado un mayor conflicto con el Estado de Chile, además de ser el pueblo originario que enfrenta más estereotipos y discriminación. Si esta discriminación estructural se suma a las diversas barreras que existen dentro de la organización de la comunidad mapuche, las mujeres se encuentran en una posición de desventaja, siendo más propensas a llegar a la vejez en peores condiciones y, asimismo, a experimentar mayor soledad en esta etapa de la vida.

Integración familiar

En términos de la integración familiar (esfera privada), este estudio confirma que el bienestar de las mujeres mayores indígenas se relaciona con estructuras familiares más amplias basadas en la convivencia: vivir con otros se asocia con niveles más bajos de soledad. Específicamente, el bienestar psicosocial de las mujeres mayores indígenas se relaciona con la capacidad de mantener relaciones intergeneracionales activas, puesto que las mujeres indígenas son responsables de coordinar los cuidados en el contexto familiar. La convivencia intergeneracional permite a las personas mayores compartir sus conocimientos y experiencias, además de aspectos de la historia y cultura originaria.

Integración en la comunidad

En términos de integración comunitaria, el estudio demuestra que la participación en diferentes grupos sociales se asocia con una menor sensación de soledad. Los grupos sociales ofrecen un espacio íntimo en el que las y los participantes pueden compartir sus experiencias y reforzar su identidad colectiva como pueblo indígena. Estos grupos tienen un impacto positivo directo en el bienestar emocional de las personas mayores. Tanto las mujeres aymara como las mujeres mapuche entrevistadas participan en grupos, como clubes para personas mayores, grupos religiosos y grupos para personas indígenas. También participan en agrupaciones comunitarias creadas para mejorar las condiciones de vida de la comunidad, como la mejora de los sistemas de techado y alcantarillado, y la construcción de espacios sociales compartidos.

Integración sociocultural

Los hallazgos confirman que asistir a funerales tradicionales, ir al hospital, cocinar y transmitir conocimientos culturales a hijos/as y nietos/as se asocian con menores niveles de soledad. Sin embargo, se halló que otras prácticas culturales sí se asocian con mayores niveles de soledad, como participar en el año nuevo indígena, dirigir u organizar ceremonias y recibir atención de agentes culturales de la salud (por ej. Yatiri en el pueblo aymara, Machi en el pueblo mapuche). Esto puede ser debido a que, tras el auge sustancial del pentecostalismo en las comunidades indígenas y el proceso de asimilación y contradicción que ha conllevado, ciertas prácticas culturales originarias se han visto disminuidas. En este sentido, el atenderse con un agente cultural de la salud puede entrar en conflicto con la presencia de un pastor pentecostal, el cual tiene un rol de autoridad social, cultural y simbólica en la comunidad indígena. Estas prácticas culturales pueden estar afectando el bienestar de las mujeres indígenas y son ciertamente contradictorias, por lo tanto, requieren mayor investigación a través de metodologías cualitativas y participativas.

Conclusiones

Una de las principales reflexiones que surge de este estudio tiene que ver con el papel del cuidado y con cómo en ese espacio se reproducen, mantienen y perpetúan las tradiciones de los pueblos indígenas. Si bien las comunidades indígenas en Chile atraviesan procesos de cambio identitario debido a las prácticas religiosas pentecostales, también existe un interés por revivir y reivindicar la identidad indígena y fortalecer la memoria colectiva, y en esta lucha las mujeres mayores desempeñan un papel clave.

Sin embargo, existen factores externos que complican el bienestar de las mujeres indígenas (y aumentan la sensación de soledad que pueden tener), como el no convivir con sus hijos/as, por causa de la migración por motivos laborales y/o educativos. Esto fragmenta a la familia, reduciendo la intensidad o frecuencia de las interacciones entre familiares directos y los roles complementarios de la vida cotidiana. Esta situación puede volverse aún más compleja en contextos de enfermedad o discapacidad, donde las personas mayores experimentan mayores niveles de soledad al sentir la ausencia de una estructura familiar.

La integración social sigue siendo el principal factor que protege contra la soledad en la vejez. En este estudio, observamos que las mujeres indígenas que se integran a su entorno privado/familiar, comunitario y sociocultural experimentan una menor sensación de soledad. Las mujeres indígenas son puentes y agentes esenciales en la mantención del equilibrio del “bien vivir”, principalmente a través de la reproducción del principio de la reciprocidad, el apoyo mutuo y la transmisión de saberes originarios. Sin embargo, existe la necesidad de desarrollar y aumentar la visibilidad de la agencia de las mujeres indígenas, con el fin de asegurar su bienestar y la armonía en sus comunidades.
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